Cuando te crees el mejor, o cuando anulas tanto tu persona (y tu personalidad) que llegas a perderte en tu propia vida. No tienes ni la más remota idea de que haces, o al menos no sabes si que lo haces de verdad es lo que quieres.
Nos empeñamos en elegir un cierto camino y a no abandonarle jamás. Puede que algunas veces ese camino que has elegido sea de verdad aquello que deseas o puede que sea la maldita carrera de medicina que toda tu familia ha hecho durante generaciones, como tu padre Tomás, el doctor, tu bisabuelo Tomás el doctor, tu tatarabuelo Tomás, que no me acuerdo a qué se dedicaba... ¡ah si! ¡era doctor! y así hasta hoy. Hasta cuando tienes que elegir tu vida y saber continuarla. Pero claro, ya están dando por culo las señoras mayores (por si no fuera poco con tu familia) con la frase que jamás de los jamases se va a borrar de mi cabeza 'Tu de mayor como tu padre mi niña, que tienes que seguir el negocio familiar'. No señora, yo no quiero pasarme la vida envolviendo polvorones.
En realidad me entristece que ciertas cosas se vayan a perder, pero nada es para siempre.
Ahora todo en mi vida son planes de futuro, mi Plan A, con A de Madrid, y todo el resto del abecedario con su plan correspondiente, y todos tienen algo en común, todos empiezan con uno 'Y si...'
Cada plan trae consigo ciertas cosas que me encantan, pero también va a llevarse por delante muchas de ellas que también me encantan, puede que no las aniquile al cien por cien, pero poco o poco las irá envistiendo y yo no podré hacer nada; y tendré que adaptarme, adaptarme -ojalá- a todos los colores del metro, a perderme y a volver a encontrarme (en cualquiera de las facetas de mi vida) a la comida pre-cocinada, o a los Espresso Roast y mil cosas más que todavía no sé, y ojalá si sepa.
Estoy perdida, pero no en la ciudad, de momento solo en el medido rural y en la ciudad amurallada. Ojalá la metrópoli para encontrarme. A mi, a tí, a todo.
Nos empeñamos en elegir un cierto camino y a no abandonarle jamás. Puede que algunas veces ese camino que has elegido sea de verdad aquello que deseas o puede que sea la maldita carrera de medicina que toda tu familia ha hecho durante generaciones, como tu padre Tomás, el doctor, tu bisabuelo Tomás el doctor, tu tatarabuelo Tomás, que no me acuerdo a qué se dedicaba... ¡ah si! ¡era doctor! y así hasta hoy. Hasta cuando tienes que elegir tu vida y saber continuarla. Pero claro, ya están dando por culo las señoras mayores (por si no fuera poco con tu familia) con la frase que jamás de los jamases se va a borrar de mi cabeza 'Tu de mayor como tu padre mi niña, que tienes que seguir el negocio familiar'. No señora, yo no quiero pasarme la vida envolviendo polvorones.
En realidad me entristece que ciertas cosas se vayan a perder, pero nada es para siempre.
Ahora todo en mi vida son planes de futuro, mi Plan A, con A de Madrid, y todo el resto del abecedario con su plan correspondiente, y todos tienen algo en común, todos empiezan con uno 'Y si...'
Cada plan trae consigo ciertas cosas que me encantan, pero también va a llevarse por delante muchas de ellas que también me encantan, puede que no las aniquile al cien por cien, pero poco o poco las irá envistiendo y yo no podré hacer nada; y tendré que adaptarme, adaptarme -ojalá- a todos los colores del metro, a perderme y a volver a encontrarme (en cualquiera de las facetas de mi vida) a la comida pre-cocinada, o a los Espresso Roast y mil cosas más que todavía no sé, y ojalá si sepa.
Estoy perdida, pero no en la ciudad, de momento solo en el medido rural y en la ciudad amurallada. Ojalá la metrópoli para encontrarme. A mi, a tí, a todo.