"Pero de lo que nadie le había advertido es de que cada vez que dividimos, los sentimientos que puede albergar nuestro corazón son más pequeños."

lunes, 28 de enero de 2013

Crecer es aprender a despedirse y todo eso.

Todo el mundo dice que marcharse de casa es una de las cosas más fantásticas que puede ocurrirte a lo largo de la vida. Que dejar de calzar los patucos de mamá y aprender a atarte los cordones con doble lazada es una sensación tan increible... De esas que te hacen contener la respiración y consigues que tu pecho almacene todo el oxígeno que ni siquiera tu sabías que podía caber. Pero yo me niego a admitir esta verdad universal. No, no y no. Puede que esos patucos azules de la 32 que mi madre me compró en la última tienda que quedaba abierta en todo el pueblo estén ya muy desgastados. Vale. Eso puede que sea verdad, ¿pero por qué tengo que descalzarme y andar sobre unas zapatillas que, estoy segura, que me quedan grandes (y no sólo en los pies). Son feas, demasiado limpias, demasiado bien puestas y todos los 'demasiados' que puedan existir en este mundo.
Y todo el mundo dice que los extremos no son buenos, que se siente miedo en el borde de los precipicios (sobre todo si son escarpados) y que, además, cuando te compras unas zapatillas nuevas tienes que adaptarte a ellas, tienes que (re)andar otra vez y sobre todo aprender a atarte los cordones y mantener el equilibrio.
Bueno, he de decir que a mi los precipicios nunca me han gustado. Por eso aquí, a una hora de mi nueva vida y a tres segundos de volver a pisar mi felpudo 'de toda la vida' se me acaban de agujerear los calcetines y dicen que llueve en la ciudad.

viernes, 11 de enero de 2013

Tu tienes el control de activar lo mejor o lo peor de ti, ¿qué activarás hoy?

Ya es hora de hacer balance.
Después de que mi cuerpo vuelva a ser el mismo, mi boca no sepa a langostinos de Nochebuena y nos hayamos quedado los mismos de siempre en esta casa diré que el 2012, en realidad, no ha estado tan mal.
Me pesan las cosas buenas, las personas buenas y sobre todo los buenos momentos de este año que Anne Igartiburu e Imanol Arias han hecho que ahora ya sea historia, que se hable en pasado, -y no reciente- porque "hace un año que..." y un año... es mucho ¿no?
365 días llenos de idas y venidas, de desapariciones y encontronazos (sobre todo con la realidad), de reencuentros y despedidas, pero siempre con un 'hasta luego, Lucas', y como el típico tópico... repleto de cosas buenas y de cosas malas. Ambas dignas de recordar.
Un año sin duda alguna repleto de cambios, de irse de casa y volver por Navidad y cuando no es Navidad pues también. El año par en que haces lo que quieres donde (más o menos) quieres y además conoces a un montón de gente con la que te obligan a convivir, que con el tiempo te das cuenta que cuando no están, les echas de menos.
Sin darme cuenta ya van dos años en la ciudad amurallada, dos años en la Residencia Jose Luís López Aranguren, esa Residencia que siempre tuvo, tiene y tendrá la mayoría de cosas malas que buenas -para los que vivimos para quejarnos-, radiadores que no van, megafonía que te despierta de la siesta que consigues si te portas bien y macarrones tan blandos que puedes bebértelos. Pero las quejas por el frío  los enfados con los ojos hinchados a las 4.15 p.m y los rugidos que a hecho el estómago allí quedan muy por debajo de todas mis experiencias.
Llegas a Ávila un día después de haber estado en la playa, cargada únicamente con un bolso de mano y cuatro cosas más, pero sobre todo los nervios saliendo por cada poro de tu piel, incluso por esos que creías que no existían. De repente ya te han fichado, ya tienes la etiqueta de 'la pija que lleva la chaqueta de beisbol americano'. A partir de ese momento todo fue coser y cantar, bueno, y muchas notas de 'Delia, recoge la habitación. 2º Aviso'
Y sin darte cuenta, con 8 kilos menos en tu cuerpo y mi cara llena de lágrimas estamos en Junio y nos tenemos que ir. Llegó el verano y sin darnos cuenta ... YA HA PASADO UN AÑO y yo aún estoy en bragas y sin peinar.
El verano me prometía más bien poco, pero gracias a todas y cada una de mis Anglis cada día fue mejor que el anterior, aunque si preguntara, seguramente no podríamos saber que día fue el mejor de todo el verano porque tenemos como norma innata no ponernos jamás de acuerdo, y seguramente eso sea lo que hace que todas sean geniales.
Como nada es para siempre y alguna vez tiene que empezar a llover, llegó de nuevo Septiembre y yo sin irme de vacaciones.
Comenzamos un curso de cambios, con cambios en la Residencia que no gustan a nadie y con echar de menos. Volvemos a la monotonía que, no nos engañemos, también la echábamos de menos. Y a los dos meses comienzas a echarlo de más. Quieres tu casa, quieres despertares a la hora de comer, quieres piscinas y muchos chapuzones; pero estás en una habitación que sólo te pertenece ciertos días a la semana, te levantas cuando aún alumbran las farolas y si me apuras, te ves en Zara eligiendo el abrigo de este invierno.

Diré que a pesar de que 2013 sea impar - y si no me fallan y me follan las matemáticas- si lo sumas da seis, par, ya existe algo bueno en este año. No hay ningún motivo para que no cumpla todas las expectativas que me he (no)propuesto, incluso puede que llegue a superarlas. Sólo depende de mí.