"Pero de lo que nadie le había advertido es de que cada vez que dividimos, los sentimientos que puede albergar nuestro corazón son más pequeños."

martes, 31 de diciembre de 2013

La vida, que puta.

Empezamos despidiéndonos del 2013 acordándonos de la gente que ya no está, que está pero ya no forma parte de tu vida o que simplemente nunca estuvo pero parecía que sí.
Descuidamos por completo a las personas que siempre han estado, que están, aunque sea lejos o que parece que no están pero su presencia es mucho más fuerte de lo que podríamos imaginar.
Personalmente quiero despedirme de este año porque no me gustan los impares, nunca se me han dado bien las matemáticas y es mucho más difícil decir 1 3 5 7 9.... que 2 4 6 8 10. Tenía una profesora de clases particulares, qué queréis.

Como todos los años, el 2013 me ha traído y me ha quitado cosas. Me ha llevado a una nueva ciudad, al sitio donde quería estar y me ha puesto a hacer lo que quería hacer. Y gracias. Mil millones de gracias.
Otra parte de la vida, otro sitio donde vivir y otra gente con la que cruzarte por la calle.

Poniéndonos dramáticos (lo cual se me da bastante bien si pensamos que probablemente tengo el récord guinnes de quejas por minuto) el 2013 ha sido un año de mierda. Un año agobiante y en el que muchas veces he querido mandar todo a la mierda y dejar de esforzarme. Pero gracias a esas personas de las que no nos acordamos cuando estamos escribiendo la típica despedida del año, las que siempre están ahí aunque sea a la sombra coges la toalla que querías tirar con más fuerza que nunca y dices, ¡No me jodas Delia, no eres tan blanda! Y vas, y lo consigues.

Por cosas de la vida (o del 2013) tuve que dejar atrás (aunque me toca los tobillos) a una de las personas más maravillosas que he encontrado en la vida. Y si, Javier Garcia estoy hablando de ti. La capital te espera con los brazos más abiertos que nunca y yo piso el felpudo donde pone "Bienvenido" en luces de neón.

No he escrito esto para lamentarme por la gente que parece que sí pero no. Así que solo diré que "Muchas personas pueden entrar en tu vida, pero muy pocas van a entrar y a saber quedarse".
Gracias a los nuevos habitantes de mi vida, a los que llevan conmigo desde el año 0 y a han dejado huecos vacíos.
Felices próximas 24 horas y feliz vida, en general.

viernes, 30 de agosto de 2013

¿Qué es el 'Arte'?

El Arte es algo tan difícil de definir como extenso. Justo por esta razón deberíamos saber leer entre las pinceladas de un lienzo y no limitarnos a juzgar lo meramente plasmado. ¿En eso consiste no? El artista muestra sus pensamientos, sus sentimientos o sus ideologías a través de la mancha y la línea, pero lo bonito es que no siempre está implícito, sino que debemos saber apreciar una obra y ampliar nuestra perspectiva para que cualquier manifestación artística sea capaz de calarte por dentro. (que es uno de sus fines, crear sentimientos).

Aquí está el problema.
Cuando eres una figura (más o menos) importante estás obligado a ir a un montón de actos y te limitas justo a eso: vas, aguantas el tiempo necesario, dices lo (pre)escrito en el guión y te vas. Estás acostumbrado a que todo sea 'normal' y que nada se entrecruce en tu camino porque en este pueblo se siguen haciendo las mismas cosas que hace 40 años. Pero cuando algo se interpone empiezan a notarse las carencias.

Un lienzo en el que se caricaturiza a Bárcenas no se queda ahí, en que se trata de unas medidas de algodón donde se ''desfigura'' a un político satíricamente. Es el más sincero punto de vista de un artista, una persona dedicada a exteriorizar su yo más interno a través de sus manos. Una persona que es totalmente libre para expresarse (al menos en principio). ¿Por qué censurarlo? ¿Acaso sabemos cual es el verdadero significado de esa obra o nos estamos limitando a los prejuicios creados sobre esa figura y todo lo que ha pasado?
Alomejor deberíamos empezar a llamar a las cosas por su nombre y eso se llama CENSURA, aquí y en China. La censura crea involución en el ser humano y en pleno S. XXI avanza más la tecnología que nuestras cabezas.

sábado, 23 de febrero de 2013

Te odio de tal modo que buscaría mi perdición para destruirte conmigo

Hablemos de alegrías, hablemos con positividad y por lo tanto, hablemos en futuro, tan próximo cuanto quieras.
No es que el presente no este repleto de alegrías (si salvas los lunes y los locutores de radio dándote los buenos días con la energía de todo el planeta). Seguramente si, cada día esté lleno de múltiples alegrías pero somos tan pesimistas por naturaleza que 'cualquier tiempo pasado nos parece mejor' y que creemos que 'lo mejor aún está por llegar'
Alomejor me equivoco pero puede que una de las mejores cosas de la vida es llegar calada a casa una tarde de Enero y encontrarla caliente, con un café con leche y un croissant en la mesa, y si cabe, capítulos nuevos de New Girl que harán que deje de importarte todo lo que chorree tu pelo.
Pero si no te gusta el café tus mejores recuerdos serán abrazos de oso, noches en vela compartiendo cama o llamadas telefónicas que duran alrededor de 2 segundos y solo se escuchan dos palabras y ocho letras antes de que se corte la señal.
Hablar de alegrías me resulta difícil  porque cada uno tenemos las nuestras y puede que estén a años luz de lo que los demás consideran alegría. Pero seguramente en lo que todos coincidamos es que la mayor de las alegrías es tener a tu familia y a tus amigos -pero a los que han nacido para quedarse- a tu lado. Teniendo esto, te sobra todo lo que vendrá después.
Este es el tema sobre el que más me cuesta escribir y sobre el que todo el mundo quiere hablar pero no todos lo consiguen.
Tampoco se como acabarlo. ¿Cómo se termina de hablar de la felicidad y de las alegrías? No, nadie quiere no tener alegrías que contar, y más si son alegrías compartidas, de esas que valen el doble o el triple. De las que te sacan sonrisita durante toda la vida.
No sé como contareis vosotros vuestras alegrías. Espero que las contéis en presente, en primera persona, y que seáis capaces de recordarlas en plano detalle.

lunes, 28 de enero de 2013

Crecer es aprender a despedirse y todo eso.

Todo el mundo dice que marcharse de casa es una de las cosas más fantásticas que puede ocurrirte a lo largo de la vida. Que dejar de calzar los patucos de mamá y aprender a atarte los cordones con doble lazada es una sensación tan increible... De esas que te hacen contener la respiración y consigues que tu pecho almacene todo el oxígeno que ni siquiera tu sabías que podía caber. Pero yo me niego a admitir esta verdad universal. No, no y no. Puede que esos patucos azules de la 32 que mi madre me compró en la última tienda que quedaba abierta en todo el pueblo estén ya muy desgastados. Vale. Eso puede que sea verdad, ¿pero por qué tengo que descalzarme y andar sobre unas zapatillas que, estoy segura, que me quedan grandes (y no sólo en los pies). Son feas, demasiado limpias, demasiado bien puestas y todos los 'demasiados' que puedan existir en este mundo.
Y todo el mundo dice que los extremos no son buenos, que se siente miedo en el borde de los precipicios (sobre todo si son escarpados) y que, además, cuando te compras unas zapatillas nuevas tienes que adaptarte a ellas, tienes que (re)andar otra vez y sobre todo aprender a atarte los cordones y mantener el equilibrio.
Bueno, he de decir que a mi los precipicios nunca me han gustado. Por eso aquí, a una hora de mi nueva vida y a tres segundos de volver a pisar mi felpudo 'de toda la vida' se me acaban de agujerear los calcetines y dicen que llueve en la ciudad.

viernes, 11 de enero de 2013

Tu tienes el control de activar lo mejor o lo peor de ti, ¿qué activarás hoy?

Ya es hora de hacer balance.
Después de que mi cuerpo vuelva a ser el mismo, mi boca no sepa a langostinos de Nochebuena y nos hayamos quedado los mismos de siempre en esta casa diré que el 2012, en realidad, no ha estado tan mal.
Me pesan las cosas buenas, las personas buenas y sobre todo los buenos momentos de este año que Anne Igartiburu e Imanol Arias han hecho que ahora ya sea historia, que se hable en pasado, -y no reciente- porque "hace un año que..." y un año... es mucho ¿no?
365 días llenos de idas y venidas, de desapariciones y encontronazos (sobre todo con la realidad), de reencuentros y despedidas, pero siempre con un 'hasta luego, Lucas', y como el típico tópico... repleto de cosas buenas y de cosas malas. Ambas dignas de recordar.
Un año sin duda alguna repleto de cambios, de irse de casa y volver por Navidad y cuando no es Navidad pues también. El año par en que haces lo que quieres donde (más o menos) quieres y además conoces a un montón de gente con la que te obligan a convivir, que con el tiempo te das cuenta que cuando no están, les echas de menos.
Sin darme cuenta ya van dos años en la ciudad amurallada, dos años en la Residencia Jose Luís López Aranguren, esa Residencia que siempre tuvo, tiene y tendrá la mayoría de cosas malas que buenas -para los que vivimos para quejarnos-, radiadores que no van, megafonía que te despierta de la siesta que consigues si te portas bien y macarrones tan blandos que puedes bebértelos. Pero las quejas por el frío  los enfados con los ojos hinchados a las 4.15 p.m y los rugidos que a hecho el estómago allí quedan muy por debajo de todas mis experiencias.
Llegas a Ávila un día después de haber estado en la playa, cargada únicamente con un bolso de mano y cuatro cosas más, pero sobre todo los nervios saliendo por cada poro de tu piel, incluso por esos que creías que no existían. De repente ya te han fichado, ya tienes la etiqueta de 'la pija que lleva la chaqueta de beisbol americano'. A partir de ese momento todo fue coser y cantar, bueno, y muchas notas de 'Delia, recoge la habitación. 2º Aviso'
Y sin darte cuenta, con 8 kilos menos en tu cuerpo y mi cara llena de lágrimas estamos en Junio y nos tenemos que ir. Llegó el verano y sin darnos cuenta ... YA HA PASADO UN AÑO y yo aún estoy en bragas y sin peinar.
El verano me prometía más bien poco, pero gracias a todas y cada una de mis Anglis cada día fue mejor que el anterior, aunque si preguntara, seguramente no podríamos saber que día fue el mejor de todo el verano porque tenemos como norma innata no ponernos jamás de acuerdo, y seguramente eso sea lo que hace que todas sean geniales.
Como nada es para siempre y alguna vez tiene que empezar a llover, llegó de nuevo Septiembre y yo sin irme de vacaciones.
Comenzamos un curso de cambios, con cambios en la Residencia que no gustan a nadie y con echar de menos. Volvemos a la monotonía que, no nos engañemos, también la echábamos de menos. Y a los dos meses comienzas a echarlo de más. Quieres tu casa, quieres despertares a la hora de comer, quieres piscinas y muchos chapuzones; pero estás en una habitación que sólo te pertenece ciertos días a la semana, te levantas cuando aún alumbran las farolas y si me apuras, te ves en Zara eligiendo el abrigo de este invierno.

Diré que a pesar de que 2013 sea impar - y si no me fallan y me follan las matemáticas- si lo sumas da seis, par, ya existe algo bueno en este año. No hay ningún motivo para que no cumpla todas las expectativas que me he (no)propuesto, incluso puede que llegue a superarlas. Sólo depende de mí.