¿A quien intentas engañar? Si no te conoces ni tu.
Te instrospeccionas de la manera más precaria que existe, fugándote hacia tu interior. Y ahí no hay salida. No hay salida porque no eres capaz de descodificar el laberinto que albergas.
Tampoco creas que los demás tienen mucho interés en saber qué amuebla tu cabeza; a decir verdad, nos sorprendería saber de qué manera nos quieren los demás.
Si te quieren, que lo hagan bien.
Vives buscando explicaciones, queriéndolo todo ordenado. Yo también.
Quiero saber qué haré mañana y por eso tengo una agenda y me planifico los días. Mal, supongo.
Me aterroriza no saber que me espera después de este tramo. Yo, que siempre lo que he tenido todo tan claro. Yo, que sabía el qué, cuándo, dónde y cómo de lo que iba a venir, ahora me levanto preguntándome de la manera más seria que puedo dónde cojones amaneceré dentro de nada.
No soy capaz de darme explicaciones.
Las llevo esperando algún tiempo y no voy a pedirlas.
Siempre escribo sobre lo mismo. Siempre siento lo mismo.
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