Blanco o negro, salado o dulce, ciencias o letras (aunque en esto estoy totalmente en desacuerdo), mamá o papá, pepsi o cocacola, estudiar o trabajar, y así durante toda tu vida, elegir entre esto o lo otro, entre cosas que salen de tu cabeza o simplemente vienen y tienes que elegirlas.
Muchas veces no sabes por cual decantarte y todas te parecen buenas opciones, acabas decantándote por una y NO, te arrepientes toda tu vida pero puede que muchas otras veces hagas la correcto. Al final de todo, ¡alguna vez tendremos que equivocarnos! Aunque esa equivocación sea 4658738 veces la misma equivocación, en el mismo sitio, en la misma situación. Da igual, alomejor nuestro cometido en esta vida es simplemente eso, equivocarnos el doble de las veces de las que acertemos y aún así seguir elegiendo. Elegir constantemente, no parar nunca de elegir, y que cuanto más te cueste hacer esa elección menor sea el tiempo que inviertas en ella, arriesga y gana, o no.
Esa es una gran disimilitud que tenemos con los animales, porque bueno, si, hablamos y pensamos, pero bah, eso también lo hace el resto del mundo. Alomejor el resto del mundo no es capaz de elegir tan bien, o quizá tan mal como tu; pero eso sí, entre renovarse o morir, elige sin duda renovarse. Siempre. En cualquier momento. Renovarse, al igual que el DNI o la cartilla sanitaria, aunque cueste renovarse y cambiar, volver a adaptarse a otras circunstancias. ¿Si ellos son capaces de cambiar de diseño y seguir existiendo... por qué tu no puedes ser capaz? Simplemente experimentar cambios, por muy pequeños que sean, como cambiar tu color de pelo a base de camomila, comprarte esos zapatos que siempre quisiste, o raparte el pelo como todos estos famosos de lo más moderno.
Cambiar y elegir, cambiar y elegir. Venir aquí trata de eso, y si crees que no tienes razones para hacer ninguna de esas dos cosas no pasa nada, la vida es muy puta, te quedan muchos años de vida y ella se va a aprovechar de ti.
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