Todo el mundo en invierno desea de una manera un tanto brusca el verano.Desea vacaciones, desea calor, dormir con la ventana abierta de par en par, y alimentarse de ensaladas de todo tipo. Operación bikini y elegir el traje de baño más bonito de todas las tiendas de la ciudad. Conseguir el moreno perfecto, sin marcas, y que todo esto esté acompañado de una buena dosis de playa, y por supuesto de buena compañía.A mi parecer tenemos el verano demasiado alto en el podium del bienestar. Con esto no digo que no disfrute del verano, pero desde mi punto de vista, está para hacer cosas mucho menos superficiales que lucir el increíble bikini que nos hemos comprado en una piscina lo más abarrotada posible para así, hacer que la mayor cantidad de gente posible vea lo delgada que estás y lo bien que te queda dicha prenda veraniega.Verano también es ir en bragas y camiseta de propaganda por toda tu casa, descalza para poder notar el fresquito que desprende el suelo de baldosas y que tu pelo vista un moño lo más improvisado con unos cuantos pelos fuera. Comer en familia en la terraza de dos metros cuadrados, hablar del día, y que llegue el momento de relax cuando tu padre saca la sandía y empieza a cortar trozos de tamaños desproporcionados que te obliga a comer, y tu sin rechistar obedeces, y es más, cuando te la terminas quieres otro trozo. Verano también es salir a dar un paseo por la noche con el perro, y acabar sofocada porque el corre más que tu.No soy nadie para decir como hay que vivir el verano, pero tampoco debemos infravalorar el invierno, sus desayunos calientes, ver llover desde la ventana mientras estás en casa con una manta y la calefacción encendida. Si no fuera por el invierno... ¿alguna vez podríamos desear el verano?
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